La luz era minima, ya casi era de noche.
Agarra un libro y se tira en la cama, yo intento acomodarme con el. No nos tocábamos, pero estábamos lo suficientemente cerca como para sentirnos.
Se pone a leer, Benedetti. Cierro los ojos y lo escucho, lee sin darse cuenta todos los poemas que mas me gustan, yo nada mas sonrió cuando termina.
"Dame la mano" le digo en algún momento, y nos quedamos ahí, tirados.
En un momento pone Sabina.
Sonrio.
No se da cuenta que sin darse cuenta esta haciendo las cosas que yo hago cuando estoy sola, y logra transportarme a otro lugar.
Disfruto de esa cotidianidad,y nada mas sonrio, no le digo que todo lo que hace me llena el alma y esta jugando con lo mas profundo de mi.
El pibe no tiene ni idea hasta donde me lleva Benedetti y menos se imagina lo que me hace escuchar Sabina.
Son cosas que hago sola, que no las comparto, que son personales y el impunemente las maneja a su gusto.
No digo nada, solamente sonrio.
Sonrio por que esta bueno que aveces aparezca alguien y te traiga un poco de tranquilidad.
Sonrio por que no tengo necesidad de decir nada, por que no quiero hacer-te preguntas, por que el momento así como esta es perfecto.
Sonrio por que el pibe tampoco dice nada y no me molesta.
Sonrio por que estoy donde estoy.
"Vos entendes de tiempos?"
Me pregunta cuando volvemos caminando.
Si, claro que entiendo. Entiendo perfecto, nada mas pregunto por que si.
Y te digo gracias, por pelotudeces.
Pero en realidad, te digo gracias por otras cosas que no te digo, como por ejemplo,
por Benedetti y Sabina, y por la tranquilidad.
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